flojera

La niebla de Teopisca

hay enemigos que nos asaltan silenciosamente

Teopisca es un pequeño valle rodeado por pequeños cerros, uno de los espectáculos que más disfruto es ver la niebla entrar suavemente, a veces muy lentito, pero muchas otras veces entra tan rápido que lo toma a uno desprevenido.

Decidí usarla para la ilustración de mi clase de está semana:

“Chicos, cuando escuchan la palabra enemigo ¿En que piensan?” me dieron algunas respuestas “Y cuando escuchan la palabra peligro ¿En que piensan?” otras respuestas, pero todos concordamos en que uno no abraza ni a los enemigos ni al peligro;  uno se pone a la defensiva, alerta y toma las medidas pertinentes para salir bien librado.

“Bueno, hoy les voy a hablar sobre un enemigo que todos tenemos” Alguien dice que es el diablo, así que tengo que aclarar que tenemos muchos enemigos en común pero hoy voy a hablar de otro enemigo.

“Este enemigo nos va a atacar toda la vida. Cuando cumplamos veinte años y soplemos las velitas no se va a desaparecer, va a seguir allí. Cuando tengamos 80 años, allí va a seguir y es uno de nuestros peores enemigos.” Alguien más interrumpe para decir “La enfermedad” Interesante punto, no solo el ir notando cuantos enemigos tenemos, pero el hecho de que los chicos participen tanto, en especial en este grupo que en algún momento noté que por temor se rehusaban a decir cualquier comentario. Sonrió por dentro ante el cambio y prosigo:

“Sí, la enfermedad también es nuestro enemigo, pero hoy voy a hablar de un enemigo que se parece mucho a la niebla que entra a Teopisca. Este enemigo no hace ruido, no es como un perro enojado que muestra sus colmillos y gruñe, no, es silencioso. Además, muchas veces entra tan sigilosamente que ni lo notamos hasta que ya estamos rodeados o atrapados por él, como cuando estamos en el jardín trabajando y nada más de repente ya estamos envueltos en la neblina, y la neblina tan densa que ni podemos ver a un metro de distancia.”

Noté que el silencio pesaba en el salón, algo había captado su atención de una manera inesperada para mi, no me detuve, bajé la voz, como para que el enemigo no supiera que yo había pronunciado su nombre. Me incliné tantito y les dije “El nombre de este enemigo es: Flojera.”

El silencio se hizo mayor y los rostros de varios mostraban que algo dentro de su ser había sido sacudido profundamente. Me gocé con el resultado pero seguía sin entender la razón del éxito, continué:

“Chicos, es verdad, uno decide estudiar, y toma sus tablas y empieza a memorizar y al principio le entra con todas las ganas del mundo pero poco después empieza a llegar la flojera, en silencio, sin bulla, uno ni cuenta se da, pero pronto ya dejó el estudio y sale corriendo para la cancha.”

El silencio se hizo aun mayor. No hubo risas ni comentarios simpáticos. Yo no lograba descifrar que estaba pasando.

“La flojera es un enemigo que nos roba todo tipo de aprendizaje. Decimos que queremos aprender a tocar guitarra, vemos que no es fácil y rápido y nos entra la flojera, lo mismo pasa cuando queremos aprender a hacer tamales, o cualquier cosa. Es más, yo estoy tratando de aprender a cultivar, y no es fácil, de hecho he llegado a la conclusión de que es un milagro que tengamos para comer, porque es bien difícil cultivar.”

Proseguí narrando algunas de mis experiencias en el tema de la agricultura, las zanahorias que no salieron y ahora los chícharos que salieron todos pero quedaron muy juntos y entonces se están cayendo las matas y es difícil cosechar.

“Saben, hay días que ya no quiero trabajar con las plantas, quisiera renunciar, darme por vencida. Pero entonces me doy cuenta de que me esta entrando la flojera, y me doy unas cachetaditas (lo hice delante de ellos) y me sacudo, y lucho contra la flojera. Porque sé que si no me rindo algún día voy a tener una huerta bien bonita y voy a comer de ella, pero si me rindo lo único que voy a obtener es tierra. Chicos, la flojera es un enemigo terrible, deben aprender a luchar contra de ella o les va a robar todo.”

Después de una pausa vinieron algunos comentarios:

– “Sí, la niebla es peligrosa, uno se puede perder cuando hay niebla.”

– “Un día yo iba en mi bici, había niebla, no me vio el coche y me golpeo. El rin de mi bici quedó chueco y yo me di un buen golpe en la cabeza.”

– “Mi hermanito estaba cruzando la calle cuando había niebla, un coche lo atropelló. Lo llevaron al hospital pero ya no vivió. Tenía sus 7 años.”

Entonces entendí porque está ilustración había sacudido su ser.

En la tarde llegó un chico de 6to que está muy atrasado a las clases de tutoría en casa. Llegó sin invitación – parece que algo está pasando. Agradezco a Jesucristo la sabiduría que me está impartiendo, toda la gloria para El.

Por último:

Al final de una de las clases, Juan Diego se acercó “Maestra ¿puedo ir a su casa hoy en la tarde?” Sé que vive lejos así que le pregunté para que y contestó “Yo sé plantar maíz, quiero ayudarle con sus plantas.”

Quedamos en que vendría el sábado en la mañana.

-Escrito por Beatriz Gasca

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