emprededurismo

El precio de emprender

Ser emprendedor o no ser emprendedor… esa es la pregunta.

Empecé años atrás a masticar esta idea de tener un negocio propio, una idea con la cual he jugado en diversos momentos y de diversas formas siendo la motivación el tener mayor capacidad para hacer lo que realmente quiero hacer. Retomé la idea cuando empecé a notar lo difícil que está siendo el enseñar hoy en día.

Al llegar a Teopisca la idea fue un invernadero, generar un buen ingreso trabajando con plantas. Me sigue gustando la idea, sin embargo he despertado a dos realidades cruciales: necesito encontrar empleados confiables y la pobreza que me rodea es tan tangible que no la puedo ignorar. No solo no la puedo ignorar sino que no me conviene ignorarla, si trabajo y levanto mi propia empresa sin pensar en mis vecinos, lo más probable es que tarde o temprano pague esa decisión, ya sea porque me asalten, o porque nos invadan o algo por el estilo.

Mi primer paso en buscar el mejorar la calidad de vida de mis vecinos fue el ofrecer mejorar su nivel de educación, algo que sigo buscando y que ha llevado a toda una serie de confrontaciones y desafíos, al dar pasos en esa dirección me he topado con la realidad de otra realidad: no hay suficientes fuentes de trabajo. Esto me ha llevado a pensar que lo que realmente se requiere es el capacitar a la gente para ser emprendedores. Suena fácil ¿verdad?

Digamos que lo bueno es que soy el tipo de persona que cree que la única forma de enseñar algo es si uno mismo conoce el tema. No puedo pedirle a otros que lleguen a ser emprendedores sin serlo yo misma. No cunde el pánico, de hecho me gusta la idea, es simplemente una razón más para retomar mi anhelo de tener mi propia empresa. Hay determinación en el ambiente… hasta que… empiezo a recibir toda una serie de libros que te dicen los pasos a seguir para llegar a ser un emprendedor… entre cada línea de cada página se leen las palabras: esfuerzo, sudor, cambio de ideas, sacrificio, crecimiento, aceptar responsabilidades, madurez…

Y entonces me pregunto si realmente tengo lo que se requiere para lograr tener una empresa saludable. ¿No será más inteligente apuntarle a una ONG? Digo, no me gusta para nada el tener que estar buscando fondos para funcionar, pero miles de ONGs lo hacen y aunque la mayoría se la vive al borde de la desesperación y muchas otras terminan cerrando… pues la verdad que parece mucho más sencillo que el apuntarle a tener una empresa saludable. Agrego lo de saludable porque también hay muchas empresas que se la viven zapateando, como las ONGs.

La pregunta no es que es lo más sabio, la pregunta es si tengo lo que se requiere para lo más sabio. Y puedo ser más específica, la pregunta es si tengo las ganas de hacer lo más sabio… de asumir toda esa responsabilidad, todo ese esfuerzo y perseverar en ello. Esa es la verdadera pregunta.

Vale la pena aclarar que ahora ya me queda claro que el llegar a tener una empresa saludable quizá sea una de las actividades más cristianas que pueda yo asumir, ya que por medio de ello estaría generando empleos y dando un ejemplo a otros de lo que es posible. Y definitivamente no se pelea con Cristo, la avaricia sí, el trabajo no. Me queda claro que uno puede continuar caminando con Cristo aun cuando trabaja o estudia – esa es una decisión que se toma a diario, y hay millones que no son ricos y que no caminan con Cristo, o sea, la pobreza no garantiza comunión con Cristo. Lo que garantiza dicha comunión es la decisión diaria de buscarle.  De hecho, creo que la única forma de lograr el tener una empresa saludable es por medio de buscarle a Él, ya que él me guardará de la avaricia y me ayudará a tener claridad mental para las miles de decisiones que se deben tomar.

Por último les comparto una de las ideas que me confronta, que me lleva a pensar ¿realmente quiero entrarle a esto de tener una empresa saludable? Es un escrito por Robert T. Kiyosaki, autor del Padre Rico, Padre Pobre, pero esto está en el libro El toque de midas.

Aquí les va:

Aquí les doy una palabra de alerta, es algo que he aprendido por medio de mis propios errores. Muchos empresarios (emprendedores) han fracasado porque quieren hacer “lo que a mi se me da la gana.” Ellos disfrutan la idea de romper las reglas y de marchar a su propio ritmo. Yo fui el pero de todos. Ese tipo de mentalidad de vaquero es atrayente, pero desafortunadamente los negocios requieren disciplina. El hacer lo que a ti se te da la gana por lo general te lleva al fracaso y a la lucha financiera.

 

Ahora, hasta allí a todos nos queda claro que pues es obvio que el tener una empresa requiere de disciplina, pero veamos con un poco más de detalle cuanta disciplina se requiere, Robert prosigue:

El hecho es que el sobrevivir como pequeño negocio requiere de más disciplina que el sobrevivir como empleado. Requiere de nuevos niveles de responsabilidad en lo personal, financiero y en el negocio. Cuando eres el empleador, toda una serie de nuevas leyes empiezan a gobernar tu vida- la ley del trabajo, la ley de impuestos, la ley del medio ambiente…

 

El llegar a tener un gran negocio demanda aun mayor disciplina. El tener éxito con una empresa grande requiere de un enfoque mayor en los sistemas- tales como operaciones, contabilidad, empleados, finanzas, lo legal, el sistema de pago a los empleados. Y también requiere de empleados más talentosos y mejor pagados para poder continuar creciendo.

 

El llegar a ser inversionista requiere de mayor disciplina. Es importante conocer las leyes para las inversiones, la mayoría de los empresarios que están en la cárcel rompieron la ley como inversionistas.

 

Mmm… ¿realmente quiero pagar el precio de tener una pequeña empresa? ¿Y de seguir creciendo en está área? Nuevamente el punto de decisión, y creo que es un punto que todo ser humano vive constantemente. Claro que es más fácil optar por el camino más sencillo y luego relinchar enojado por la injusticia social, o sea, sería más sencillo optar por no buscar crecer como empresa, y luego estar buscando dinero por todos lados y cuando no llegue enojarme por la dureza del corazón de otros, maldecirles y escribir canciones melodramáticas. No quiero decir que no se deban dar donativos, la verdad es que sí creo en dar donativos a ONGs, pero estoy poniendo en la balanza “la otra cara de la moneda.” Eso es todo.

Me estoy confrontando a mi misma en voz alta.

-Escrito por Beatriz Gasca